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Superar Utrecht

Resulta desolador comprobar cómo el Campo de Gibraltar, pese a su enorme potencial, está a la cabeza del desempleo en España. La última EPA sitúa en más de un 43% la tasa de paro en la provincia de Cádiz. Y ello, en lo que respecta a la comarca, pese a contar con el primer puerto del Mediterráneo y el principal polo industrial de Andalucía. Desde mi punto de vista, nuestra zona podría contar con un tercer motor económico que no queremos arrancar, como es Gibraltar. La cuestión nacional de recuperar la soberanía de la Roca se antepone a cualquier interés local, que perseguiría aprovechar la singularidad del Peñón para generar riqueza en la comarca. El problema es que, con el Tratado de Utrecht en la mano, Gibraltar seguirá siendo británica hasta que Reino Unido diga lo contrario y, con la política que está emprendiendo el Gobierno español, no sólo no avanzamos en el contencioso sino que estamos cerrando la puerta a cualquier colaboración con la Roca que redunde en el Campo de Gibraltar.

El Tratado de Utrecht, firmado en 1713, señala en su artículo X que España cede a Gran Bretaña la propiedad de Gibraltar "para siempre". Asimismo, desde el referendo que se celebró en 2002 en el Peñón para rechazar la cosoberanía que apalabraron Aznar y Blair, Londres se comprometió a respetar la voluntad de los gibraltareños. Una promesa que fue refrendada en la Constitución que se otorgó a la Roca en 2006, en la que se recalca que no se alterará el estatuto en contra de los deseos del pueblo de Gibraltar. Es decir, que podemos seguir agarrándonos de por vida al "Gibraltar español", pero tenemos que tener claro que la retrocesión se dará cuando quiera Reino Unido y dé su visto bueno la población gibraltareña. Algo que creo no verán mis ojos si seguimos sembrando desconfianza y dando la espalda a la cooperación.


España y Reino Unido deben retomar el diálogo y acabar con este clima de tensión. Entiendo que las conversaciones se deben mantener a distintos niveles: bilateral, tripartito con Gibraltar y cuatripartito incluyendo a la Junta. La relación de buena vecindad no puede verse sujeta a un tratado que se firmó hace más de 300 años. Estamos en el siglo XXI y hay que superar Utrecht. Deberían fomentarse proyectos conjuntos que potenciaran, por ejemplo, el turismo y la colaboración empresarial. La comarca, y especialmente La Línea, como territorio fronterizo, debería tener un trato fiscal diferenciado, para que así la singularidad de Gibraltar se extendiera al entorno. Así se combatiría el paro y se reduciría la animadversión. Remar en la dirección contraria, no sólo nos alejará de una posible cosoberanía aceptada por los gibraltareños sino que seguirá lastrando el crecimiento de la comarca. Y así no quedará más remedio que hacer las maletas y marcharse. Y antes de hacerlo me gustaría al menos tener la certeza de que se hizo todo lo posible para intentar que los campogibraltareños pudieran ganarse el pan en su tierra.   

  

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